jueves, 5 de junio de 2014

EL REY HA ABDICADO. ¿VIVA EL REY?

No aceleraré yo mi posición con respecto al hecho de la abdicación real, para aprovecharlo y pedir a gritos la vuelta de la República. Dudo casi de todo, y siempre medito, excesivamente tal vez, mis resoluciones, que no soluciones aunque tenga un prefijo "re" que en realidad no lo es.

Cuando murió el dictador yo tenía quince años. Joven y aún así, ese día quedé con mis amigos Téllez y Rafa Marín para celebrar su muerte. Lo hicimos en el Bar Tadeo. Un "tabernucho" cutre y raído cuyo dueño era tan de izquierdas como nosotros y estaba deseando desde hacía demasiados años, enseñar un consolador enorme que escondía tras la barra. Como si ese gesto fuese en sí mismo un alzamiento popular de "libertad".

No dudamos demasiado de lo que hicieron entonces los políticos, pues el camino era la ansiada democracia. De hecho mi primera votación fue en el 78, mil novecientos. El referéndum sobre la Constitución española. Voté que sí, por supuesto. Pero todo se hizo deprisa y corriendo, como estamos acostumbrados. Y con el miedo que los militares tomasen su propia decisión de dar marcha atrás.

Estrenamos la libertad, el sufragio y la Monarquía. Nos dijeron que el Rey frenaría cualquier intentona retrógrada. Y así ocurrió, por él o por los que fueran...

Yo me afilie a la Liga Comunista Revolucionaria. Era Marxista porque acababa de leer EL CAPITAL, y porque siempre he creído en la lucha por el camino de la igualdad de oportunidades y el bienestar común. Y por un reparto equitativo de la riqueza. Con el tiempo abandoné el Marxismo, me hice economista, pero abrace con más ganas, por mi aumento de conocimientos, las ideas progresistas. Creo que la división de poderes es algo fundamental para que una sociedad tenga garantizado no sólo sus valores como comunidad, sino que también garantice los derechos que han de amparar necesariamente a sus individuos de una manera personal, no olvidando tampoco los deberes de cada uno de ellos. Si no se dividen los poderes se veneran distorsiones y corruptelas de difícil persecución.

Con el paso de los decenios, esa democracia en la que creímos a pie mantillas se ha corrompido desde su propia base. Posiblemente por la rapidez con la que se quiso hacer todo. Nunca son buenas las prisas. Se diseñó una estructura territorial que no ha funcionado. Un parlamento bicameral donde la cámara alta, el Senado, no sirve para nada. Y se ha continuado con muchas de los conceptos administrativos franquistas que suenan a rancio y caducos -por ejemplo, las Diputaciones-.

Es más. España no ha sabido hacer transparencia política, administrativa y monárquica. Todo es secreto. A todo le rodea un halo de misteriosidad como si no tuviésemos derecho los ciudadanos a saber dónde van nuestros dineros, a dónde van de viaje nuestros monarcas, cuales son sus agendas, etc... Como si todo eso no fuese con nosotros, que somos sobre los que gobiernan y a quien representan.

Todo ello ha generado la situación de descontento actual. No tiene fácil solución, a no ser una reforma estructural administrativa, política, social, económica y territorial. Incluso, por qué no, una reforma de la forma de Estado. Lo importante es que NECESITAMOS de todas estas reformas. No podemos seguir parcheado, y si realmente el futuro Rey  FELIPE VI quiere lo mejor para sus súbditos, debería intentar todo ello, y luego, tal vez, irse.

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